
Los investigadores evaluaron cinco sistemas de cultivo de cacao en Bolivia. Entre ellos se incluían monocultivos convencionales y ecológicos, sistemas agroforestales convencionales y ecológicos, y sistemas agroforestales sucesionales. Enterraron bolsas de hojarasca llenas de hojas de cacao y mezclas de hojas. Las bolsas tenían dos tamaños de malla: 0,1 mm y 2 mm. El equipo recogió muestras a los 4, 8 y 12 meses.
La descomposición fue rápida en todos los sistemas. La hojarasca perdió más de 40% de su carbono en un plazo de 4 meses. A los 12 meses, las pérdidas de carbono superaban los 80%, y casi todo el fósforo y el potasio habían desaparecido. El sistema de cultivo tuvo efectos limitados. El contenido de nitrógeno solo aumentó en el sistema agroforestal convencional, y únicamente a los 4 meses. El fósforo se mantuvo en niveles más altos en el sistema agroforestal que en los monocultivos, pero solo a los 8 meses. No se observaron otras diferencias entre los sistemas.
El tamaño de la malla fue más determinante que el sistema de cultivo. Las bolsas de malla más ancha perdieron más carbono, nitrógeno, fósforo y potasio que las de malla más estrecha durante los primeros meses. Esto apunta a que los principales factores fueron la colonización microbiana y la lixiviación, y no los animales del suelo. El tipo de mezcla de hojas también influyó en la descomposición. Las bolsas con una mezcla variada de hojas de árboles de sombra (M2) retuvieron más carbono y nitrógeno que las bolsas que solo contenían hojas de cacao. Sin embargo, las bolsas en las que predominaban las hojas de cacao (M1) no mostraron esa diferencia.
Por último, el equipo calculó el aporte de nutrientes procedente de los residuos de poda. Estos residuos pueden cubrir la mayor parte de las necesidades anuales de nitrógeno del cacao. Sin embargo, solo satisfacen entre 5 y 35% de sus necesidades de fósforo.