
Investigadores convirtieron una hectárea de monocultivo de naranja en Alto Beni, Bolivia, en un Sistema Agroforestal Sucesional (SAFS) a partir de 1996. El equipo sembró árboles, palmeras y otros cultivos entre las filas de naranjos existentes para imitar la sucesión del bosque tropical. Los agricultores podaron los árboles regularmente para devolver materia orgánica al suelo.
El SAFS redujo significativamente la incidencia de la mosca de la fruta frente al monocultivo cercano. La caída de frutos disminuyó de forma marcada en las parcelas agroforestales. El rendimiento de naranja por árbol aumentó en el SAFS, tanto en número de frutos como en peso. El contenido de azúcar se mantuvo igual en ambos sistemas.
Los análisis de suelo mostraron niveles mucho más altos de humus, nitrógeno y fósforo en las parcelas SAFS. El sistema también desarrolló una zona radicular más profunda. Los investigadores vincularon estas mejoras al aporte anual de ramas podadas, que suministraron energía basada en lignina a los organismos del suelo.
Un inventario forestal de 2007 registró más de 60 especies arbóreas en más de 20 familias dentro de la parcela SAFS. Los naranjales vecinos en monocultivo mostraron enfermedad y deficiencia nutricional entre los 20 y 25 años de edad. La parcela SAFS no mostró esa decadencia después de 20 años. Las proyecciones estimaron 188 m³/ha de madera disponible a los 20 años, además de cosechas continuas de fruta, cacao, café y pimienta.
El estudio concluye que la baja biodiversidad y el suministro deficiente de energía —no una sola plaga o enfermedad— provocan el colapso del monocultivo. La siembra diversificada y sucesional restaura simultáneamente la fertilidad del suelo y la salud vegetal.